MIÉRCOLES, 25 de marzo de 2015 (HealthDay News) --
La contaminación ambiental podría afectar no solamente a la salud
física, sino además al bienestar mental, sugieren dos nuevos estudios.
En
uno, los investigadores confirmaron una conexión estudiada desde hace
mucho tiempo entre la contaminación atmosférica y la salud
cardiovascular, al encontrar evidencias de que el aire contaminado
contribuye al desencadenamiento de accidentes cerebrovasculares (ACV) en
las personas vulnerables.
El otro estudio observó una cuestión
más reciente: ¿La contaminación atmosférica podría afectar también a la
salud mental? Encontró que la respuesta es: "Posiblemente". Entre las
más de 70,000 mujeres estadounidenses del estudio, las que vivían en
áreas relativamente contaminadas eran más propensas a reportar múltiples
síntomas de ansiedad.
Los estudios, publicados en línea el 24 de marzo en la revista BMJ,
solamente vinculan estos factores; no demuestran que la contaminación
atmosférica sea la causa directa de los ACV o de la ansiedad.
Podría
haber otras explicaciones, dijo Melinda Power, investigadora de la
Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore, que dirigió el estudio sobre
la ansiedad.
Dijo que su equipo incluyó los otros factores
posibles que pudieron tomar en cuenta, como, por ejemplo, si las mujeres
vivían en una gran ciudad o si tenían afecciones cardiacas o
pulmonares.
"Pero no se puede tener en cuenta todo", dijo Power,
que en el momento de realizar el estudio estaba en la Universidad de
Harvard.
"Creo que algunas de las explicaciones alternativas más
probables serían otras formas de contaminación", dijo Power. El ruido
crónico (del tráfico, por ejemplo) es una posibilidad, indicó.
Es
demasiado pronto para declarar que una mejor calidad del aire podría
ayudar a aliviar los síntomas de ansiedad, enfatizó Power. "Pero es un
hallazgo interesante", aseguró. "Y los estudios han de examinar con
mayor profundidad esta asociación entre la contaminación atmosférica y
la salud mental".
Si se confirma que hay una conexión, entonces
reducir la contaminación atmosférica podría tener un "impacto
importante" sobre la salud mental a una mayor escala, según Michael
Brauer, profesor de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver,
Canadá. Brauer también es el autor de un editorial en la misma edición
de la revista.
Eso es así porque tanto los trastornos de ansiedad como la contaminación son problemas comunes y globales, dijo Brauer.
Pero
enfatizó que es demasiado temprano para decir que la contaminación
ambiental es un factor de riesgo de la ansiedad. "Se trata de una
investigación inicial", dijo Brauer. "Es un hallazgo intrigante, pero no
se pueden extraer conclusiones de un solo estudio".
Por otra
parte, la idea de que la contaminación atmosférica puede contribuir a
los ACV o a los ataques cardiacos cuenta con una gran cantidad de
investigaciones que la sostienen, indicó Brauer.
El nuevo estudio
sobre los ACV es en realidad un análisis de aproximadamente 100
estudios anteriores que abarcaban 28 países. Y, en general, reportaron
los investigadores, hubo una "asociación clara" entre la contaminación
atmosférica y el riesgo a corto plazo de que las personas sufran o
fallezcan de un ACV.
Los investigadores creen que en las personas
vulnerables (incluyendo las personas mayores y las personas con una
enfermedad arterial existente) los aumentos en la contaminación
atmosférica podrían desencadenar un ataque cardiaco o ACV al causar una
inflamación en los vasos sanguíneos.
La Asociación Americana del
Corazón (American Heart Association) ya recomienda que las personas en
riesgo de sufrir un ataque cardiaco o un ACV intenten limitar el tiempo
que pasan en exteriores en los días en que la calidad del aire sea mala.
Pero
los riesgos van más allá del corto plazo, indicó Brauer. Otros
estudios, dijo, han sugerido que la exposición a largo plazo al aire
contaminado contribuye, en primer lugar, a que las arterias se
obstruyan.
Para el estudio de la ansiedad, el equipo de Power usó
los datos de un estudio sobre la salud a largo plazo de de más de
71,000 mujeres estadounidenses de 57 a 85 años de edad. Se realizaron a
las mujeres algunas preguntas estándar sobre los síntomas de ansiedad,
para ver si tenían ciertas fobias o tendían a preocuparse en exceso en
general.
En general, el 15 por ciento mostraron "niveles altos de
síntomas" de ansiedad, aunque, según Power, eso no significa
necesariamente que tuvieran un trastorno de ansiedad.
Los
investigadores estimaron entonces la exposición de las mujeres a la
contaminación atmosférica en función del lugar en que vivían.
En
general, el estudio halló que el riesgo de que las mujeres presentaran
síntomas de ansiedad aumentaba junto con su exposición a la
contaminación ambiental. Estas partículas se liberan al aire cuando se
queman combustibles fósiles, de modo que el humo de los coches y las
fuentes industriales, como las centrales eléctricas, son unos grandes
contribuidores.
¿Cómo alimentaría la contaminación atmosférica
los síntomas de ansiedad? Según Power, una posibilidad es mediante un
efecto indirecto, al empeorar la enfermedad cardiaca o pulmonar, por
ejemplo. Pero, dijo, este estudio sugiere que las afecciones físicas
crónicas no son la pieza que falta del rompecabezas.
La
inflamación es una explicación más especulativa, dijo Brauer. Algunas
investigaciones de laboratorio han sugerido que la inflamación que
afecta al cerebro podría contribuir a la ansiedad.
"De modo que
es plausible desde el punto de vista biológico", señaló Brauer. "Pero
necesitamos más investigación sobre los posibles mecanismos".
Por
ahora, comentó, "no creo que las personas deberían evitar hacer
ejercicio en el exterior por miedo a los síntomas de ansiedad".
Por
otra parte, Brauer añadió que ya hay razones para limitar la exposición
a la contaminación atmosférica. De modo que sería prudente, dijo,
enterarse de los informes sobre la calidad del aire local y prestar
atención a los niveles de contaminación peligrosos.
Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Melinda Power, Sc.D., postdoctoral fellow, epidemiology,
Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, Baltimore; Michael
Brauer, Sc.D., professor, University of British Columbia, School of
Population and Public Health, Vancouver, Canada; March 24, 2015, BMJ si ?
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